Mi pequeño R. todavía no lo sabes, pero
tú eres el que cierra el círculo de los cuatro. Como si de pilares se tratase,
el que tú representas es fundamental para el perfecto desarrollo de los otros
tres.
No sé si alguien lo duda. Yo estoy
convencido de que de nuestros hijos debemos aprender a reconocer nuestra infancia, para
así tratar de entender sus inquietudes, sus problemas y sobre todo, aprender a
ser buenos guías en su andadura. Quizás lo más hermoso de este intercambio, sea el reconocer en ellos las
virtudes de tu compañera/o, esas cosas, detalles que hacen que después de 21 años
sigas estando enamorado como la primera vez. Quizás la magia de los hijos/as
radique justamente ahí.
Si observas detenidamente, verás que su
forma de actuar, pensar, es cual alquimia producto de nuestra unión. Los científicos
lo llaman genética… yo lo llamo Magia. “Veracidad maravillante de algunos
efectos que no requiere necesariamente de averiguar causas”.
La fuerte y marcada personalidad que
tienes, el empeño y espíritu de sacrificio que con pequeñas, pero grandes
acciones muestras, son un valor que bien aprovechado hará de ti un gran tipo.
Ahora bien, recuerda que de G., tu hermano, tendrás muchas cosas que aprender,
su condescendencia bien entendida, es un valor del que deberías empaparte.





