martes, 13 de diciembre de 2011

Para RRR, gran abuelo, gran amigo.



       El transcurrir del tiempo, con su bálsamo cicatrizante, en ocasiones logra convertir la difícil  pesadumbre de los recuerdos que, de manera ordenada o disoluta, van acercándose a nuestra memoria, en reconfortantes vivencias de un pasado que en ocasiones no es muy lejano.
El cabello blanco, las cicatrices, arrugas y expresiones, nos hablan de lo mucho vivido. A poco que profundizas en ellas te das cuenta de que nada ha sido fácil, como medallas en el pecho, nos muestran las vanaglorias del sufrimiento, en una época en la que no se defendían las opiniones con la palabra, en la que el miedo acechaba los corazones, tratando de arrebatar la vida del que por delante se pusiese.  ¿Qué importancia tenía la ideología cuando es el odio el que por detrás empuja? Quizás, tantos años de sufrimiento han sido los que forjaron un sentimiento especial por vivir cada, día cada minuto. Siempre abierto a nuevas experiencias con una mirada e ilusión idéntica a la que mi cámara captó en este instante, el brillo verde de sus ojos delata a un joven que trata de romper con el cuerpo de un anciano. Es tanto lo que añoro tus sabios consejos, que viéndote los escucho uno a uno, como si el reloj del tiempo no hubiese corrido, como si mis incipientes arrugas y demás circunstancias de la edad, no fuesen conmigo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Calles de Tui.


La piedra, testigo mudo del presente y lo lejano, sigue ahí,  de manera inmutable, guardando en su memoria todas las vivencias de los que por ella han pasado.
Te veo ahora y me traes hermosos recuerdos, largas noches de emociones, sentimientos, quizás de nostalgia y por qué no, de felicidad. Ya que sigues ahí, viendo pasar a otros. Cuánto tiempo hace y qué poco tiempo ha transcurrido. Sin  esfuerzo, recuerdo,  incluso, de qué estaba hablando en alguna de las muchas veces que por ahí he caminado.

Señora.

lunes, 5 de diciembre de 2011




10:30 horas de un día de este mes, rodeado de la más pura belleza que puede ofrecernos esta vida, estoy con mi cámara al acecho de capturar uno de esos instantes de los que quieres que perduren. Me siento como un pescador que practica la pesca sin muerte. Trato de no perturbar en demasía… El fin no justifica los medios.
Una vez que han transcurrido unos minutos, sientes que formas parte de la vegetación, eres capaz de ver, escudriñar, cual ave rapaz, escenarios que no creías que existiesen minutos atrás. Los colores, las formas, el volumen, en definitiva, la luz. Ella es la que hace que todo funcione.
Hablo de colores y me apasiona la escala de grises, mejor dicho, la fuerza de los contrastes. ¿Por qué? Muy sencillo. El color  ha de ponerlo la imaginación.
 Ese imperceptible esfuerzo que debemos hacer cuando vemos una fotografía en blanco y negro con respecto a una en color, es el que marca la diferencia entre lo sutil y lo efímero.