lunes, 5 de diciembre de 2011




10:30 horas de un día de este mes, rodeado de la más pura belleza que puede ofrecernos esta vida, estoy con mi cámara al acecho de capturar uno de esos instantes de los que quieres que perduren. Me siento como un pescador que practica la pesca sin muerte. Trato de no perturbar en demasía… El fin no justifica los medios.
Una vez que han transcurrido unos minutos, sientes que formas parte de la vegetación, eres capaz de ver, escudriñar, cual ave rapaz, escenarios que no creías que existiesen minutos atrás. Los colores, las formas, el volumen, en definitiva, la luz. Ella es la que hace que todo funcione.
Hablo de colores y me apasiona la escala de grises, mejor dicho, la fuerza de los contrastes. ¿Por qué? Muy sencillo. El color  ha de ponerlo la imaginación.
 Ese imperceptible esfuerzo que debemos hacer cuando vemos una fotografía en blanco y negro con respecto a una en color, es el que marca la diferencia entre lo sutil y lo efímero.

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