jueves, 16 de febrero de 2012

El tren.





La realidad reflejada, no siempre se observa como tal. Una ventana que se torna en espejo, puede resultar de lo más inquietante.
Cuando viajo en tren, no tengo la sensación de estar en un espacio cerrado, sus grandes ventanas consiguen que cada kilometro recorrido signifique algo nuevo, algo por descubrir. El paisaje que inunda mi espacio me hace sentir bien, con la cámara preparada y atento al porvenir, espero, dejando que me sorprenda lo que allí se encuentre.
Sin previo aviso, de manera brusca, como si se hubiese  bajado el telón, ese torrente de luz e imágenes, desaparece por un instante, como si se acabase la función. Esa ventana mágica se ha convertido en un espejo que me muestra la realidad, de diseño, sí, pero fría.

1 comentario:

  1. cualquiera diria para lo que habías hecho el viaje con lo bonito que lo has relatado.....
    es como un cuento de hadas...... me encanta...
    GgR

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