jueves, 3 de noviembre de 2011


Cuando de familia hablamos, la sangre resulta ser hilo conductor de relaciones que, en algunos casos, son  ficticias. Tratamos de forzar vínculos que se hacen imposibles por el “simple” hecho, de que compartimos la misma sangre. Digo simple, porque la realidad de nuestras emociones, sucumbe a nuestro control, cuando lo verdadero de nuestros sentimientos aflora gracias a la empatía: esa capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Maravillosa sensación, que provoca un estado de relajación, capaz de permitir que seamos nosotros mismos, que aceptemos los defectos, como algo meramente intranscendente. Quizás por nuestras venas debería correr empatía...
Entre muchas otras que podamos imaginar, consignas tan célebres como “a mi señal, sangre y fuego” pasarían a decir: a mí señal empatía y fuego (fuego, para calentar un buen café por supuesto).
Adoro la empatía, no está reñida con la profesionalidad, ni con la educación. Lo cierto es que sería una gran compañera de viaje de todos nosotros.

3 comentarios:

  1. Tienes noción de ojos de artista, tus pensamientos se relacionan como un artista, piensas lo que haces, le das una y mil vueltas a los detalles que quieres sacar, sombras, colores, textura,......te sitúas, lo ves y zas, reflejado dentro de ti, parece fácil, pero no lo es, pues te acompaña la experiencia de años transcurridos con tus cámaras, no una, muchas, siempre que comentas algo de la fotografía, nos trasladamos a tus sueños de arte, y seguimos el juego agradable que dices, y al final admiramos lo que haces......sigue que siempre en esta vida, te enseña a estudiar el mundo de la fotografía...
    Un amigo:Angel Torres.

    ResponderEliminar
  2. Bien venido seas Ángel, a mi pequeño mundo, gracias por tu comentario, ya sabes que tu arte y tú sois bien recibidos.

    ResponderEliminar
  3. La verdad es que has nombrado una palabra mágica para mí, "empatía", una palabra que pronuncio muchas veces, una palabra que me hace sentirme a gusto con tantas personas que tengo en mi vida y que han aparecido porque sí, sin buscarlas, sin esperarlas. Todas esas personas con las que empatizo hacen que mi vida sea más plena y feliz. Pienso que la felicidad de uno tiene que estar en su interior ¡pero cuánto hacen los demás para que esa felicidad crezca cada día, para que el entusiasmo por la vida sea cada vez más grande!

    ResponderEliminar